lunes, 24 de noviembre de 2014

Entrevista a Alberto Garzón en "Viajando con Chester".



Alberto Garzón: Nuestro objetivo es transformar la sociedad

Alberto Garzón (Logroño, 1985)anunció el pasado viernes su candidatura a las primarias de IU, de momento la única, para salvar a la formación de su descomposición frente al efecto Podemos. Ayer se escenificó en Rivas-Vaciamadrid, bastión del partido, el futuro relevo de Cayo Lara. Tras el acto, el joven diputado contestó a EL PAÍS en el auditorio Pilar Bardem.
Pregunta. ¿Está IU en uno de sus peores momentos?
Respuesta. Estamos en una fase en la que hay un tsunami electoral que se llama Podemos que está afectando a las demás fuerzas. Las encuestas, que nunca han sido nuestra brújula porque hemos tenido épocas peores, no pueden servirnos para un repliegue. La oportunidad es salir a la ofensiva y solo así es cómo nos vamos a recuperar- Pienso que vamos a tener muy buenos resultados en las autonómicas y municipales, y que eso debe ser un influjo de ánimo. Creo que debe comenzar una nueva etapa.
P. ¿Cuál es su objetivo?
R. Este país está en un cambio de época y se merece por primera vez un Gobierno de izquierdas, y creo que una izquierda ideologizada y organizada como es IU es fundamental. Si no hay un cambio que no pase por IU no va a ser un buen cambio. El objetivo no es ganar, ese es el medio, el objetivo es transformar la sociedad. Y percibimos que somos el instrumento más útil para hacerlo. Otras fuerzas no tienen esa capacidad.
P. ¿La fragmentación de la izquierda es un reflejo de su crisis?
R. La izquierda siempre ha tenido la tendencia a fragmentarse, en España y Europa. Sin embargo, estamos en un momento en el que la crisis económica ha derivado en una crisis de la democracia. La gente está perdiendo sus seguridades y certezas del pasado, y ahora es el momento de reubicarse identitariamente. Hay mucha gente que nunca había votado a partidos de izquierda y ahora quiere votarlos. Esta es una oportunidad, una brecha abierta en el sistema. Yo creo que el instrumento más útil es la unidad popular, que expresa no solo lo que ha sido IU siempre, sino que es un momento histórico en el que no podemos dejar que el PP y el bipartidismo sigan manteniéndose en el poder.

R. El de una nueva etapa que responde a un cambio generacional. Los jóvenes vemos la política de forma muy diferente, no es solo un recambio de caras, es firmeza en la defensa de nuestra historia. Aunque no creo que tengamos una mochila cargada de piedras, tenemos una llave para el futuro. Yo soy economista, y el valor añadido de una candidatura como la mía es el bagaje económico. Porque la salida de la crisis es económica.P. ¿Tiene un plan concreto?

P. ¿Cuáles son las claves de ese proyecto?
R. Los ejes son tres. El primero, trabajo garantizado: una propuesta de que con el 0,92% del PIB, que son 9.200 millones de euros, se puede sacar del paro a un millón de personas en un año no es una propuesta utópica, se ha llevado a cabo en otros lugares. El segundo es democratizar la economía, lo que significa que las empresas estratégicas tienen que ser propiedad del pueblo y no de unos pocos. Lo que hace que alguien como Villar Mir o la señora Botín pueda decidir por la mayoría de la gente. Las empresas energéticas deben ser nacionalizadas para impedir que ningún español pase hambre o miseria, como no poder calentar su casa. La tercera medida es que las empresas afectadas por casos de corrupción no puedan volver a tener contratos con la Administración pública.

Nuestro objetivo no es ganar, 
es transformar la sociedad
P. ¿Es consciente de las resistencias que puede generar?
R. No me cabe ninguna duda de que nuestra candidatura es rupturista con el régimen político y económico. Asumimos que este poder económico no va a ver bien nuestras medidas, por eso es fundamental tener movilización social en la calle. Sin presencia social, aunque ganásemos las elecciones, no seríamos capaces de transformar el país.
P. ¿Cómo ve la convergencia con Podemos y Ganemos?
R. Nosotros somos partidarios de la unidad popular y por nosotros no se va a frustrar. Si otras fuerzas no van a participar, tendrán que explicar por qué cometen ese acto de irresponsabilidad histórica. Pero si esas fuerzas no quieren participar nosotros seguiremos. No vamos a cambiar nuestros principios por una táctica electoral.
Podemos no ha inventado nada nuevo
P. ¿Es una traba para IU?
R. Estamos viviendo una tormenta. Todo puede cambiar, y lo importante es estar fuertes con lo que uno defiende. Es una oportunidad muy buena para construir un proyecto de izquierdas, sólido y organizado.
P. ¿Qué comparte con Podemos?
R. No ha inventado nada nuevo, ha cogido muchos elementos programáticos que tenían IU y otros partidos, y eso es una buena noticia. Tienen también una estrategia de calculada ambigüedad ideológica, muy medida, que no puedo compartir porque creo que hay que defender los principios por encima de todo. Ahora bien, creo que Podemos es una oportunidad, ha venido a romper con el bipartidismo también. Es verdad que todavía no ha dicho que sea un partido de izquierdas y, por tanto, hay que mantenerse con toda la cautela del mundo.
P. Muchas diferencias.
Somos partidarios de la unidad popular y por nosotros no se va a frustrar
R. También es verdad que si compartimos una mayor parte del programa político es posible la convergencia, es posible la unidad popular. Al final no nos pueden importar los egos, los elementos de despacho, nos tiene que importar la preocupación de la gente, y a mí en la calle me piden todo el rato que nos unamos, todo el mundo. La calle no comprendería que fuerzas que tienen capacidad de transformar juntas el país no lo hicieran.
P. ¿Cómo se lleva con Pablo Iglesias?
R. Tengo una muy buena relación desde el respeto, con diferencias ideológicas que nos llevan a proyectos políticos distintos, pero compartimos muchas reflexiones y tenemos la buena educación para debatir con seriedad y con rigor sobre aquello en lo que no estamos de acuerdo. Incluso he ido a su programa de televisión para debatir con él, no hay ningún problema porque el debate es sano.
P. ¿Cómo afrontará el caso de las tarjetas de Caja Madrid?
R. Tengo muy claro que mi candidatura va a ayudar a limpiar todo, porque no quiero representar a una IU que tenga una sombra de corrupción. Por tanto, aquellos que hayan sido corruptos o hayan tenido responsabilidades políticas ya pueden salir corriendo porque los voy a perseguir hasta el final.
Las empresas energéticas deben ser nacionalizadas
P. ¿Cómo abordaría el conflicto en Cataluña?
R. Dejando votar a la gente, legalizando la consulta, una consulta no vinculante dentro del ámbito de la Constitución, y, en función de lo que salga, sentándonos a hablar. Como ocurrió en Escocia.
P. Pedro Sánchez quiere liderar la renovación del pacto del 78. ¿Ve posible un acuerdo con el PSOE?
R. El PSOE debería hacer una catarsis y convertirse en un partido de izquierdas. La modificación del artículo 135 [ocurrió en verano de 2011, para establecer el principio de estabilidad presupuestaria, que pone un corsé al gasto público] de la Constitución es la manifestación más clara de que el PSOE comparte con el PP un proyecto destituyente. Nuestra Constitución ha sido vaciada. Quienes se han cargado la Constitución y el pacto del 78 no pueden venirnos a decir que lo van a arreglar. Pedro Sánchez pretende cambiar la Constitución reuniéndose con Mariano Rajoy en un despacho y arreglarla en dos días. La Constitución necesita ser modificada desde abajo, desde la gente. Tenemos que ir a un debate público.
P. ¿Cree que se ha apagado el debate sobre Monarquía y República?
R. La Casa del Rey está en una estrategia de cosmética para evitar verse golpeada como se ha visto golpeada en los últimos años. Pero es una vía muerta, porque la Monarquía es el vértice del régimen político y económico del 78. Yo pienso que una vez abramos la llave de la Constitución y las puertas de las instituciones, la Monarquía caerá por su propio peso.
P. ¿Comparte el acuerdo alcanzado sobre los viajes de los diputados?
R. Es ampliamente insuficiente. Nada más llegar al Congreso lo denuncié. Vi que se podía hacer fraude, particularmente con respecto a las tarjetas de Renfe que no son nominales. No había control, dependía de la ética de quienes votan en el Congreso a favor de los desahucios. La solución adecuada sería transparencia y control. Los viajes como representantes de la soberanía popular tienen que estar financiados, pero no se puede permitir el fraude por una ausencia de regulación.
P. ¿Y con respecto a los diputados que viajan para participar en actos de partido u otras actividades?
R. Ese es un debate interesante, pero complejo, porque la frontera entre lo que es político y partidista es muy difusa. Cuando voy a un acto organizado por IU en una provincia acuden centenares de ciudadanos que vienen a contar sus problemas, luego yo voy al Congreso y planteo propuestas. Estoy dispuesto a debatirlo, pero tiene una complejidad importante.
P. ¿Cómo interpreta el gesto de Cayo Lara?
R. Cayo es un hombre honrado, tiene una altura política, sabe el momento en el que vivimos y tiene una conciencia de lo colectivo. Es un gesto que le honra, que todo el mundo está agradeciendo y que es muy anormal en política.
P. ¿Cómo se ve dentro de un año?
R. Pienso que vamos a tener un grupo parlamentario muy potente. Hemos tenido grupos de 11 diputados en los que hemos hecho verdaderas maravillas. Es un clima muy ilusionante de fragmentación del bipartidismo en el que yo soy incapaz de predecir lo que va a pasar, pero confío en que tengamos como mínimo un grupo parlamentario muy potente que tenga capacidad de gobernar. Pero es imposible predecir lo que va a pasar, tanto que le podría decir que incluso vamos a ganar las elecciones. Es posible cualquier escenario.
Fuente: elpais.com

sábado, 22 de noviembre de 2014

Alberto Garzón: "Anunicio mi intención de concurrir a las primarias de IU para presentarme a la presidencia de Gobierno" @agarzon





Entrevista a Alberto Garzón en `La Sexta Noche`









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Alberto Garzón. 29 años. Diputado por Málaga. Secretario de Proceso Constituyente y Convergencia de IU. Y candidato a las primarias para la presidencia del Gobierno. Garzón ha hecho el anuncio hoy en el Congreso. "He asumido la responsabilidad política y presentaré una candidatura para las primarias", ha asegurado ante los periodistas. "Este país está en un momento de inflexión. Necesitamos estar a la altura de la historia, no repetirla, y que este país tenga por primera vez un Gobierno de izquierdas. E IU va a ser el instrumento útil para que sea así".
Garzón ha criticado a Mariano Rajoy, de quien ha dicho que es un "director ejecutivo al servicio de sus accionistas". El diputado de IU ha asegurado que se presenta a las primarias para "entrar en La Moncloa y echar de allí a los mercaderes que actúan contra la mayoría de la población" y ha defendido que él, que participó de forma muy activa en el 15M en Málaga, representa un "relevo generacional", una "nueva forma de entender la política muy vinculada a lo que está pasando en la calle".
Nunca antes en sus 28 años de historia, Izquierda Unida se ha visto tan próxima a una renovación tan profunda: por edad, por caras y por discursos. Garzón, que hasta hace tres años estaba implicado en el 15M en Málaga y en su Rincón de la Victoria natal, que daba charlas sobre economía crítica por diferentes puntos de España, con otras personas de IU y de Attac, ha decidido ahora abordar el reto de ser el cartel electoral de la federación.
El coordinador general de IU, Cayo Lara (62 años), se apartó de las primarias el pasado domingo y, de esta manera, deja paso a una nueva generación en Izquierda Unida, la que encarna Garzón, el dirigente de la federación que cuenta con más apoyos para ser candidato electoral para competir con Pablo Iglesias (36 años) y Pedro Sánchez (42 años), entre otros.
La renovación de Garzón va de la mano de dirigentes como Tania Sánchez –diputada madrileña y candidata en las primarias autonómicas–; los eurodiputados Marina Albiol y Javier Couso; los valencianos Ignacio Blanco y Esther López Barceló; la gallega Yolanda Díaz; el coordinador andaluz Antonio Maíllo; la secretaria de Comunicación, Clara Alonso; la responsable de convergencia, Lara Hernández; y el responsable de Juventud de IU, Carlos Martínez, entre otros.
Si las primarias pueden resultarle sencillas a Garzón –aún no hay más candidatos y Gaspar Llamazares (Izquierda Abierta) ha pedido revisar el calendario– y proclamarse holgadamente cartel electoral el 8 de febrero, lo que no le resultará tan fácil será resolver los desafíos a los que se enfrenta Izquierda Unida. Desde remontar en las encuestas hasta la convergencia con otras fuerzas políticas y sociales en un frente de unidad popular, pasando por el relevo en los cuadros de dirección de IU y las responsabilidades pendientes –de momento, hasta el 13 de diciembre– de los exdirigentes salpicados por los nombramientos de consejeros en Caja Madrid (el concejal Ángel Pérez, el diputado autonómico Gregorio Gordo y el secretario de Organización, Miguel Reneses).
Algunas de estas decisiones no son competencia de un candidato electoral, pero un relevo en el referente político sí puede impulsar también un relevo en la organización, tanto en el ámbito federal como regional: las primarias en Madrid, que se votan el 30 de noviembre, no tendrán las mismas consecuencias organizativas –y tampoco en relación a las responsabilidades por Caja Madrid– si las gana Tania Sánchez, José Antonio Moreno Díaz o Julián Sánchez Vizcaíno.

Movilización a favor de Alberto Garzón

En los últimos días han aparecido decenas de mensajes de dirigentes de IU animando a Garzón a dar este paso, y se ha creado una cuenta en Twitter para apoyar su candidatura: @ConAGarzon.
Entre ellos, el coordinador andaluz, Antonio Maíllo; el veterano dirigente de IU y el PCE Felipe Alcaraz; el coordinador de Córdoba, Pedro García; la eurodiputada Marina Albiol; el coordinador de EUiA, Joan Josep Nuet; el miembro del Consejo Político Federal de IU Hugo Martínez Abarca; el candidato de EUPV a la Generalitat Valenciana, Ignacio Blanco; la directora de la Vivienda andaluza Amanda Meyer; la cabeza de lista por Alicante al Parlamento valenciano, Esther López Barceló; el eurodiputado Javier Couso; la coordinadora de EUPV, Marga Sanz, la portavoz de IU en Aragón, Patricia Luquin; el dirigente de IU en Rivas Ismael González; el responsable de IU Juventud, Carlos Martínez; el candidato de IU en Baleares, Manel Carmona; la secretaria de Comunicación, Clara Alonso; la diputada madrileña y candidata en las primarias a la presidencia regional, Tania Sánchez Melero; el concejal de IU en Madrid Jorge García Castaño; el coordinador de Murcia, José Antonio Pujante; el veterano dirigente de IU y el PCE Manolo Monereo; la coordinadora gallega, Yolanda Díaz; y la responsable de Convergencia de IU,Lara Hernández.
Garzón también ha recibido muestras de apoyo desde fuera de la organización, como la del actor Juan Diego Botto y el cantante Ismael Serrano.
Fuente: eldiario.es

domingo, 16 de noviembre de 2014

Cayo Lara anuncia que no se presenta como candidato a las primarias a las generales "Creo en el liderazgo colectivo de los pueblos".


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"He tomado la decisión porque me siento y me sentiré siempre representado por la gente digna de esta organización"

"Porque nadie, ningún poder, va a quebrar a esta organización. Soy de los que cree que sin una IU fuerte no habrá cambio"

Propuesta de calendario de primarias: apertura de Proceso, del 23 de enero al 7 de febrero campaña, votación y ratificación
Fuente: @iunida
#GraciasCayoLara

Vídeo Rescatado. Cayo Lara: "Es la hora de la rebelión de los de abajo"


Ignacio Blanco ha ganado las primarias de Esquerra Unida del País Valencià y será su portavoz. “Vivimos en un gobierno de ladrones”.

Ha ganado las primarias de Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) a Marga Sanz, con quien mantiene una buena relación y a quien sustituirá como portavoz en las Cortes Valencianas. Nacido en 1974 en Algemesí, Ignacio Blanco, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, procede del sector independiente de la coalición y ha centrado su trabajo parlamentario en la denuncia de la corrupción y de los abusos cometidos por el PP en el poder.
Pregunta. ¿Se ve gobernando la Generalitat el año que viene?
Respuesta. Cuando uno se presenta a las elecciones, siempre espera llegar a gobernar. Nosotros nos definimos como una izquierda transformadora. Y para transformar hay que tener las herramientas. Por tanto, queremos gobernar. Ahora bien, estar en el Gobierno porque sí, a cualquier precio, haciendo cualquier tipo de políticas, no es el planteamiento de EUPV ni el mío. Evidentemente, si no ganamos las elecciones, habrá diversas opciones. No será sí o sí. Valoraremos qué políticas se pueden hacer y decidiremos.
P. ¿Dependerá del programa?
R. Claro. El programa son las políticas. Tenemos toda la voluntad de diálogo y de llegar a acuerdos, pero basados en políticas. Además, lo decidiremos democráticamente. Cualquier negociación será sometida a referéndum de la militancia y transparente para la ciudadanía.
P. ¿Cree que la izquierda valenciana, en sus diversas expresiones, está en condiciones de hacer un programa de gobierno viable?
Es una necesidad histórica, de higiene democrática, desalojar al PP
R. Más que condiciones, veo la necesidad. Es una necesidad histórica, de higiene democrática, y una necesidad social que el PP sea desalojado de todas las instituciones. En el caso de la Generalitat, ya son 20 años de una gestión nefasta que ha beneficiado a unos pocos y perjudicado a la mayoría, que ha destrozado la cultura, la lengua, el medio ambiente, el territorio, la economía… También la política. La democracia se ha visto limitada por un régimen de corrupción masiva. Si es una necesidad echar al PP, hay que formular una alternativa, hablar en positivo. Aunque no será fácil.
P ¿Hasta qué punto ha cambiado el escenario con la irrupción de Podemos?
R. Creo que el escenario ya había cambiado incluso antes. Y creo que cambiará todavía de aquí a las elecciones. No sé en qué sentido. El escenario es muy volátil. Tuvimos durante quince años una foto fija, desde que Unión Valenciana fue absorbida por el PP en 1999 hasta 2011. A partir de la crisis y de los recortes, primero de Zapatero y después de Rajoy, la ciudadanía abre los ojos ante los efectos de las políticas del bipartidismo y, especialmente, del PP en el caso valenciano, y surge una crisis de régimen. El bipartidismo pasa del 90% en las europeas de 2009 al 50% en las de 2014. Eso abre una oportunidad a otras fuerzas políticas. Podemos es una de ellas. Es la más nueva y no ha tenido oportunidad de confirmar ni de desmentir las expectativas. También está EUPV, con una trayectoria coherente de defensa de los derechos sociales y los servicios públicos y de lucha contra la corrupción.
P. ¿No ve en Podemos una amenaza para Esquerra Unida?
R. No, lo veo como una oportunidad de que el debate político trascienda a la sociedad.
P. Usted es del sector partidario de la confluencia con otras fuerzas. ¿Cómo se puede plasmar eso en el ámbito valenciano?
Empecemos por el ámbito municipal y a ver qué posibilidad hay de confluir
R. Hay experiencias ilusionantes en Valencia, Alicante, Alcoi, Torrent, las principales ciudades del País Valenciano. Es importante que la confluencia se dé por la base. Nosotros tenemos experiencias fracasadas de pactos cupulares, entre direcciones de partido. Hay que hacer las cosas de forma diferente y más sólida. Empecemos por el ámbito municipal y así veremos qué posibilidades hay de confluir. Si no se dan las circunstancias, tenemos EUPV. No vamos a esperar a nadie, tampoco en el ámbito autonómico.
P. Usted y su equipo representan una cierta renovación generacional en Esquerra Unida. ¿No llega un poco tarde?
R. Nunca es tarde. No se trata de una renovación generacional sin más. Creo que las listas que han resultado de las primarias de Esquerra Unida están muy equilibradas generacionalmente. A nivel federal, estoy convencido de que Alberto Garzón será candidato a la presidencia del Gobierno. Tanto Yolanda Díaz en Galicia; como Tania Sánchez, que puede ganar las primarias en Madrid, Antonio Maíllo en Andalucía, yo mismo en el País Valenciano y otros estamos visualizando que Izquierda Unida tiene recambio.
P. Una de sus propuestas programáticas consiste en crear una “comisión de la verdad” que no ha sentado muy bien en algunos sectores. ¿Pretende abrir una causa general a la época del PP?
R. Aquí salimos de una cleptocracia. Un día estábamos de campaña en un mercado y preguntábamos a la gente qué le dirían a Alberto Fabra. Y respondían. “Que se vayan y devuelvan todo lo que han robado”. Es un sentir común que vivimos en un gobierno de ladrones. La proliferación de casos de corrupción lo ratifica. ¿Por qué una comisión de la verdad? Porque muchas de esas tramas no podrán sustanciarse por la vía judicial debido a los plazos de prescripción de delitos, que habría que ampliar. Pero la sociedad necesita saber qué paso con los chanchullos de la era Zaplana, de la era Camps y, pasando por Olivas, del periodo de Fabra. Se ha de conocer la historia para no repetirla. Hay que abrir los cajones y saber qué pasó. Si el nombre de comisión de la verdad no gusta, se puede buscar otro.
La sociedad necesita saber qué paso con los chanchullos de la era Zaplana, de la era Camps y, pasando por Olivas, del periodo de Fabra
P. ¿Es partidario de que las comisiones de investigación las presida la oposición?
R. Sí, planteamos que se puedan crear a petición de un tercio de diputados y presididas por la oposición.
P. ¿En qué consistiría la auditoría de la deuda del Consell?
R. La deuda es un problema grave generado por la gestión irresponsable del PP. No ha sido una deuda productiva sino improductiva. No queremos una auditoría solo de técnicos sino también ciudadana, pública y transparente, para saber qué parte de la deuda es legítima y qué parte ilegítima u odiosa. Por ejemplo, la que corresponde a la usura de las entidades financieras, a tramas de corrupción o sobrecostes injustificables. Habrá que tomar decisiones políticas sobre qué hacer con la deuda. Y eso incluye una quita, una moratoria e, incluso, el impago si hay que anteponer las necesidades sociales más elementales.
P. ¿Y hasta qué punto esa deuda viene del injusto sistema de financiación autonómica?
R. La financiación autonómica es culpable de una parte. Creo que la deuda histórica desde 2002 es de unos 13.500 millones. Podría calificarse de ilegítima y pedir una compensación. Pero solo es un parte.
P. ¿Ha perdido el PP la imagen de partido que defendía los intereses de los valencianos?
R. Nunca fue cierto, pero la gente ya rechaza ese discurso. Nadie cree que el PP defienda los intereses de los valencianos cuando es incapaz de resolver la financiación de la que culpaba a Zapatero, ha cerrado RTVV, no solventa los problemas económicos y sociales y es culpable de la imagen que sufrimos los valencianos por los casos de corrupción que afectan a ese partido.
Fuente: elpais.com

lunes, 10 de noviembre de 2014

"En defensa de la Democracia y la Autonomía Local".


Alberto Garzón: La estrategia política ante una sociedad en descomposición.

Vivimos tiempos convulsos, de cataclismo, en los que se mueve el suelo bajo nuestros pies. Y perdemos puntos de referencia desde los que comprender lo que sucede a nuestro alrededor o desde el que entendernos a nosotros mismos. Como diría Marx, aunque él refiriéndose al inicio de la modernidad, parece que “todo lo sólido se disuelve en el aire”. Y es cierto. La vida tal y como nos la habían contado hace tan sólo una década está dejando de existir. Los relatos construidos desde el poder se esfuman con rapidez. Las promesas de futuro pierden su sentido. Y los códigos para relacionarnos entre nosotros cambian trepidantemente.
El filósofo y esclavista estadounidense John Calhoun dijo a inicios del siglo XIX que en los períodos de transición de esta naturaleza, entre lo viejo y lo nuevo, siempre hay “incertidumbre, confusión, error y salvaje y feroz fanatismo”. Un siglo más tarde y desde otras coordenadas ideológicas muy distintas Gramsci añadiría que en ese “interregno llamado crisis ocurren los fenómenos más morbosos”. Pero son sin duda los pueblos y sus gentes los que deciden con sus acciones qué tipo de fenómenos delimitan y determinan ese interregno. No hay nada escrito de antemano. Simplemente son brechas de oportunidad en las que pueden adentrarse unos u otros, en función de una disputa política que se realiza en todos los planos. Desde luego no sólo en el plano electoral.
Efectivamente, si miramos a nuestro alrededor vemos una comunidad social en descomposición. Las condiciones materiales de vida de la mayoría de la gente se están mermando y con ello se está resquebrajando las seguridades del pasado. Sin embargo, esto no sucede para todo el mundo por igual. Podríamos decir, de hecho, que hoy en nuestra sociedad conviven dos sociedades ciertamente antagónicas.
De un lado una sociedad fordista, propia de las comunidades políticas occidentales de posguerra, y en la que los trabajadores disponen de estabilidad laboral, contratos indefinidos, ciertos derechos sociales reconocidos y garantizados, un mínimo espacio de propiedad material que abarca al menos una vivienda o un vehículo, y sobre todo una seguridad de cara al futuro como es el disfrute de una pensión. De otro lado convive una sociedad posfordista, caracterizada por la inseguridad laboral, los contratos basura, la precariedad, menos derechos sociales, la ausencia total de expectativas de futuro y, en definitiva, un horizonte muy negro. A este fenómeno de convivencia simultánea de dos sociedades tan distintas el filósofo alemán Ernst Bloch lo llamaba atemporalidad o espacio temporal de no sincronía. Y le sirvió para describir tiempos tan tormentosos como el de la Alemania de los años treinta del siglo pasado y el ascenso del nazismo.
Pienso que estamos viviendo un cambio de época similar. La cacareada ruptura generacional se explica precisamente por estas razones, en tanto que la mayoría de los jóvenes vivimos en la sociedad posfordista. La distinta concepción del mundo que existe, por término medio, entre una persona joven y una no tan joven se deriva de las distintas condiciones materiales de existencia. ¿Cómo van a pensar políticamente igual si viven de forma tan distinta?
Cuando esto no se entiende hay una tendencia a vivir en burbujas. Eso es lo que creo que le ha pasado a la política, a sus instituciones y a las organizaciones políticas. Este y no otro era el mensaje más claro que mandamos los jóvenes que ocupamos las plazas en mayo del 2011. No se entendió.
Ahora bien, ¿la ruptura generacional nos da las claves para la regeneración democrática? Pienso que no necesariamente.

Crisis de régimen y democratización de la economía

Estamos viviendo una grave crisis económica que por su profundidad ha derivado en una crisis institucional. Es lo que llamamos crisis de régimen y que Gramsci llamaba crisis orgánica. Y esta crisis de régimen tiene dos componentes fundamentales: una crisis del modelo de acumulación capitalista, que afecta a la estructura económica y social, y una crisis de la democracia representativa liberal, que afecta a la estructura política y a las organizaciones políticas. La regeneración democrática no puede realizarse únicamente en uno de estos planos sino que debe abarcar los dos.
Es decir, no se trata de un recambio de unos dirigentes por otros. No se trata de sustituir las caras viejas por caras jóvenes. Pedro Sánchez es en última instancia Rubalcaba. No se trata tampoco de cambiar los nombres a los partidos. La tangentopolis italiana terminó en Berlusconi. Tampoco se trata únicamente de aprobar primarias. Obama fue elegido así. Todas las anteriores pueden incluso ser condiciones necesarias, pero desde luego nunca suficientes.
El principal problema de nuestra democracia es que mandan los que no se presentan a las elecciones. Y tiene mucho que ver con la crisis del paradigma constitucional. Desde hace décadas se ha estado produciendo un vaciamiento formal de las constituciones a través de una pérdida de soberanía de los Estados. Pero también un vaciamiento de la dimensión sustancial a través del desmantelamiento del Estado social y de las garantías positivas. Todo ello ha derivado en una inversión de la relación que existía entre economía y política. Hoy, y esta es la clave de todo, la economía domina y subordina a la política. Lo que significa que el espacio privado, los mercados, esclavizan al espacio público y los gobiernos.
Y mientras no se invierta esta relación, de tal forma que la política gobierne a la economía, las reformas democráticas serán en vano. Porque hoy tiene cierta vigencia aquella máxima anarquista de que “si votar sirviese de algo no nos dejarían votar”. Hoy Florentino Pérez, la señora Botín y otras grandes fortunas tienen mayor capacidad, aunque sea antidemocrática, para decidir qué será de nuestras vidas. Y así es como el mercado, con su carácter irracional y caprichoso, determina nuestro presente y futuro.
El horizonte de los movimientos democráticos sigue siendo, a mi juicio, el horizonte de la democratización de la economía. Un horizonte socialista. Un espacio político donde sea el demos el que tenga la capacidad de tomar las decisiones sobre qué producir, cómo distribuir y cómo consumir. Y esta es mi declaración de principios, nítida y clara.
Pero hoy estas mismas intenciones se sitúan no ya tras discursos clásicos como el de capitalistas frente a trabajadores, sino fundamentalmente como el de arriba frente abajo, el 99% frente al 1% o el de élites frente a ciudadanos. Todos representan una contradicción fundamental en el seno de la comunidad política que tiene que ver con la distribución de la renta, riqueza y sobre todo del poder.

Posmodernidad y discursos

Pero que hoy hablemos más de arriba frente a abajo que de capitalistas contra trabajadores no sólo tiene que ver con el proceso de radical transformación de la estructura productiva que ha difuminado las viejas categorías conceptuales. A mi juicio tiene más que ver con la entrada en la posmodernidad. Al fin y al cabo, mucho más difusa es la contradicción arriba-abajo.
Lo que en términos económicos es un desplazamiento desde modelos de acumulación fordistas a modelos de acumulación posfordistas tiene su correlato en el ámbito sociocultural en el desplazamiento desde la modernidad hacia la posmodernidad. Y en una sociedad cada vez más posmoderna los discursos se imponen a los programas, la apariencia a la esencia y lo efímero a lo reflexivo. La entrada en la posmodernidad, que Harvey sitúa en mayo del 68, está relacionada con aquel salto del ser al parecer que denunciaban los situacionistas franceses.
Ya lo supo distinguir Lacan cuando diferenció entre lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico. Hoy la política se hace crecientemente en el espacio simbólico y no en el real. En cierta medida siempre fue un poco así. ¿Qué porcentaje de la población se lee los sesudos programas electorales y qué porcentaje prefiere decantar su voto en función de las emociones que siente al escuchar un discurso determinado? ¿qué importa lo Real si lo Simbólico es tan atractivo?
Hablábamos antes de Ernst Bloch. Él responsabilizó al Partido Comunista Alemán del ascenso del nazismo. Y la principal acusación que realizó fue que todo lo que hizo el Partido Comunista lo hizo bien. Pero que la clave estaba en lo que no hizo. Y lo que no hizo, en términos generales, fue intentar comprender qué sentía la población. El Partido Comunista estaba impregnado de racionalismo y creía firmemente en la sucesión de etapas predicha por Marx. A la sociedad feudal le seguía la modernidad y a la modernidad el socialismo. Pero no atendieron a los sentimientos ni las emociones de las personas que caían al abismo de esa transición. ¿Qué pasaba con los campesinos, con los empobrecidos, con los no proletarios y sus tradiciones conservadoras? ¿quién los asistía? El fascismo ocupó el lugar.
Hoy la izquierda francesa ha repetido los mismos errores ante la emergencia de la extrema derecha. Y hoy la izquierda española organizada e ideologizada ha dejado un hueco enorme a una izquierda más fluida y líquida que ha sabido entender el corazón, la rabia y la frustración de la gente. Nosotros no supimos entender las emociones de un creciente sector de la sociedad que caía en el abismo de la crisis económica y de la gestión neoliberal de la crisis pero que, mucho más importante, está en la parte más baja de la transición hacia un nuevo modelo de sociedad absolutamente regresivo. Pensamos que por el hecho de compartir objetivos y programa nos iban a votar a nosotros. Nos faltó no sólo ambición política sino que también pecamos de una notable incomprensión del fenómeno social que se encontraba detrás del 15-M, las mareas o las marchas por la dignidad.
Ha sido el discurso populista, y me refiero a su acepción académica y sin connotación negativa alguna, basado en los escritos de Ernesto Laclau, el que ha logrado canalizar esa rabia. De esto debatimos con Pablo Iglesias antes de las elecciones europeas en lo que Zarzalejos llamó “el pronunciamiento de Lavapiés”.
Pero esta estrategia populista encuentra enormes debilidades. La capacidad de canalizar la rabia de la gente a través de lo que Laclau llama un “significante vacío”, es decir, un discurso con calculada ambigüedad ideológica que consigue unir demandas insatisfechas de gentes de muy diferentes estratos sociales, es limitada. Mientras mayor es la insatisfacción social mayor es esa capacidad, desde luego. Pero atraer no es convencer. Y eso significa que es posible estar construyendo un gigante con pies de barro.
Por eso es insensato estar todo el tiempo hablando de Podemos. Para entender lo que sucede en la actualidad no hay que hablar de Pablo Iglesias, amigo y durante mucho tiempo compañero de trinchera, sino de la economía y de las condiciones materiales de vida de la gente. No son las encuestas las que explican la calle, sino la calle las que explican las encuestas.
La izquierda en la que yo creo es, sin embargo, heredera de la ilustración. Es la que ancla su historia en la tradición política republicano-socialista, y que no sólo acepta que hay lucha de clases sino que además entiende que la verdad, la honestidad, el conocimiento y la educación son elementos definitorios de una sociedad justa. A nosotros no se nos ocurriría diluir el componente republicano o feminista con objeto de obtener más votos. Operamos en el sentido contrario. Tratamos de hacer pedagogía para convencer a la gente de la necesidad del republicanismo, en tanto que modelo de estado de ausencia de rey y de participación democrática desde abajo.
Para hacerlo correctamente debemos en primer lugar hacer un diagnóstico correcto de lo que está sucediendo, tanto a efectos económicos como culturales. Y luego aceptar que los códigos políticos han cambiado y que hay que adaptarse. Especialmente en materia de comunicación, que es el instrumento que media entre lo Real y lo Simbólico y lo que construye, en última instancia, la identidad política.

La mercantilización de la política

Pero nosotros no marcamos el terreno de juego. Y sin duda hoy estamos en uno en el que prima la mercantilización de la política. Es decir, una concepción de los asuntos públicos según la cual es posible valorar la política en términos cuantitativos y a través de las variaciones de precios.
La interpretación de una encuesta y de sus componentes cada vez se parece más a la interpretación que hacemos de los movimientos en Bolsa. Y se concibe a la política como un producto que hay que ir adaptando para que el consumidor lo encuentre más atractivo. Así tenemos todo un mercado de comunicación política que nos dice cómo tenemos que vestir o cómo debemos hablar. Y sobre todo cómo debemos debatir en espacios televisivos configurados para obedecer a la dictadura de la audiencia. Un nivel adecuado de gritos y un nivel adecuado de insultos para que nadie se duerma en su salón. Y nos puede gustar o no, pero el formato condiciona el mensaje y el mensaje condiciona el comportamiento electoral. Y así es como tenemos tendencias electorales, precios y valoraciones pero también burbujas e incluso OPA hostiles.
Pero cuando todos operan con estos mismos códigos la política pierde su sentido original. Deja de ser un instrumento de transformación social y pasa a ser puro teatro. Navegamos entonces por lo efímero, lo epidérmico, lo superficial. Y nos acostumbramos a la mediocridad intelectual y a la deshonestidad. Decir hoy lo que mañana negaré.
A mi juicio las encuestas no pueden ser la brújula que nos oriente. Y no deben serlo porque, aunque hay que ser flexibles en la táctica, debemos ser inflexibles en los principios. Y porque las elecciones son un medio y no un fin, una vez aceptamos que el propósito de la izquierda transformadora es precisamente el de transformar la sociedad y no simplemente el de ganar elecciones. Y esa relación entre medios y fines no debemos olvidarla bajo pena de que suframos procesos de institucionalización que nos llevan a ser cooptados por las instituciones hasta el punto de creer que nosotros somos las instituciones.
Por todo ello considero que Izquierda Unida no puede replegarse ante una sociedad que cambia tan bruscamente. Menos aún paralizarse o estancarse. Debemos comprender la naturaleza de las olas y convertirnos en una de mayor fuerza. No es momento de conservadurismo sino de audacia. Es momento de levantar la cabeza y de defender nuestros principios y valores sin olvidar nuestros objetivos. Estamos ante una oportunidad histórica para cambiar el país e Izquierda Unida tiene que ser parte necesaria de la solución y no del problema. La izquierda organizada e ideologizada de este país tiene que estar a la altura de la historia. Por el bien de la sociedad democrática.

La transformación económica y la alternativa

Ruptura generacional, crisis de régimen y posmodernidad cultural. ¿Qué hay detrás de todos estos fenómenos? Sin duda alguna, la última transformación del capitalismo en nuestro país. Un modelo de acumulación agotado y al que era inherente la corrupción más descarada. Un capitalismo que necesita una vuelta de tuerca exprimiendo los derechos conquistados para intentar sobrevivir en un mundo globalizado. Una necesidad que manifiesta la absoluta incompatibilidad entre capitalismo y Estado social en nuestro país.
Al capitalismo le sobran las conquistas democráticas que generaciones precedentes a la mía consiguieron tras décadas de luchas. Y esas conquistas, como la sanidad, educación o pensiones públicas, son las que forman la democracia. Pues la democracia no es sólo una cuestión de procedimientos sino de contenido. Y de un contenido que permita a los individuos alzarse como ciudadanos en el sentido republicano, esto es, libres de la necesidad. O, como diría Marx, que trascienden “el reino de la necesidad por el reino de la libertad”.
Hoy nuestro país es empobrecido, saqueado, expoliado. Hoy nos roban nuestros derechos con objeto de que unos pocos sigan enriqueciéndose y amasando fortunas con las que alimentar a las hienas financieras. Pero tanto mayor sea el saqueo mayor será la desamortización. Destruyen nuestra democracia y nos dicen que es necesario para que sigamos girando dentro de la rueda como hámsters sin conciencia.
Esta dinámica necesita un freno de emergencia. Izquierda Unida será parte de ese freno. La parte más sólida, incorruptible, la parte más convencida de tal necesidad. No queremos que dentro de unos años miremos a nuestro alrededor y veamos que nuestros hospitales son propiedad de empresas registradas en paraísos fiscales. No queremos que nuestras viviendas sean propiedad de fondos buitres. Y porque estamos ante una oportunidad histórica, estar a la altura de la historia implica trabajar con honestidad, contundencia y firmeza de acuerdo a nuestros principios.
Una época apasionante, de ruptura y de cambio. Mucho queda por cambiar. Y lo mejor de todo es que depende de nosotros que se haga a mejor. Pueden ustedes, todos y todas, estar convencidos de que lucharemos por ello.

Actualización: Este texto es la reproducción íntegra del discurso de Alberto Garzón en el Fórum Europa. Tribuna Andalucía
Fuente: lamarea.com


Fórum Europa con Alberto Garzón (Málaga 10.11.2014)


Vídeo Rescatado. Alberto Garzón en "El Intermedio"



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