jueves, 1 de mayo de 2014

Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo.

El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es la fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial. Es una jornada que se ha utilizado habitualmente para realizar diferentes reivindicaciones sociales y laborales.
Desde su establecimiento en la mayoría de países (aunque la consideración de día festivo fue en muchos casos tardía) por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. En la actualidad es una fiesta reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general, y se celebra en muchos países.
Llamativamente, en Estados Unidos y Canadá no se celebra esta conmemoración. En su lugar se celebra el Labor Day el primer lunes de septiembre en un desfile realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés). El presidente Grover Cleveland, auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos desde 1882. Canadá se unió a conmemorar el primer lunes de septiembre en vez del primero de mayo a partir de 1894.
Los hechos que dieron lugar a esta celebración están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La reivindicación de la jornada laboral de 8 horas de trabajo

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. El hacer valer la máxima «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa». En este contexto se produjeron varios movimientos, en 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, «salvo caso de necesidad». Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.
La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), inicialmente socialista (algunas fuentes señalan el origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que tratasen de hacer leyes en ese sentido en sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro.
El 25 de junio de 1868, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll,1 estableciendo la jornada de ocho horas. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas (aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas a entre 14 y 18 horas). Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la Ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento como «indignarte e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestó que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».

El día 1 de mayo, la huelga

Manifestación del Primero de Mayo en Barcelona (año 2008).
El 1 de mayo de 1886, 200 000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200 000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.
En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base deesquiroles. El día 2, la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50 000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas; cuando estaba en la tribuna el anarquistaAugust Spies, sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.
El periodista Adolf Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, corrió a su periódico donde redactó una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25 000 octavillas. La proclama decía:
Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.
La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como la Revuelta de Haymarket.
Más Información: Wikipedia
































































































































miércoles, 30 de abril de 2014

#Europeas2014. Paloma López, candidata al Parlamento Europeo, explica las consecuencias de las reformas laborales.


Hoy es una jornada de concentración y protesta en las oficinas de empleo de todo el Estado.

Artículo de Antonio Rodríguez.
Como este es año electoral, el P.P. nos tenía que vender alguna tontería. Y nos venden la tontería de la recuperación económica. El problema es que por mucho que lo intentan los datos no les cuadran.

Recuperación sin empleo no es recuperación. Y los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) son un autentico mazazo para sus manipuladoras intenciones. Mantener ese espíritu de euforia tan solo por una bajada de 2.300 parados es simplemente un insulto a la ciudadanía, cuando el resto de los datos no son malos, son malísimos.
 
La cuestión no es si hay 2.300 parados menos. Parados que probablemente se deberán a los muchos jóvenes que abandonan este país por falta de esperanza y los también muchos emigrantes que vuelven al suyo por la misma razón. Lo verdaderamente importante son los datos negativos que trae consigo la EPA. El primero de ellos es que se sigue destruyendo empleo, y no poco. En concreto en el último trimestre se destruyeron  184.600 puestos de trabajo. ¿Es esa la recuperación que nos vende Rajoy?
 


Segundo dato negativo, baja la población activa. La población activa es la que esta en disposición de trabajar. En total hay 187.000 personas menos en disposición de trabajar. Esto son personas que han desistido de buscar trabajo, emigrantes que retornan, nuevos jubilados y/o nuestro mejores jóvenes que emigran en busca de un futuro mejor. 

Tercer dato negativo, sube el paro juvenil. En el último trimestre el paro juvenil se ha incrementado en 25.700 personas, situando el paro juvenil en la vergonzante cifra del 55,48% de los jóvenes menores de 25 años. Esa es la recuperación que pregonan, dejar sin futuro a una de las generaciones de jóvenes mejores preparadas.
 
Cuarto dato negativo, sube  el paro de larga duración. Actualmente más de la mitad de los parados son de larga duración. Actualmente hay  2.975.800 parados de larga duración, 49.300 más que hace un año. Esto significa que cada día hay más parados que se quedan sin prestación por desempleo y con la angustia de no saber si van a poder hacer frente a sus dudas o simplemente comer.
 
Quinto dato negativo. Aumenta el número de familias con todos sus miembros en paro. Durante el último trimestre las familias con todos sus miembros en paro han aumentado en 53.100 alcanzando la cifra de 1.978.900. Alguien del gobierno les podría explicar a estas casi dos millones de familias en que consiste esa tan cacareada recuperación. Seguro que la inmensa mayoría de ellas piensan que eso de la recuperación no va con ellas.
 
Sexto dato negativo, aumenta las familias sin ningún tipo de ingresos. Continua la dinámica de la familias sin ningún tipo de ingresos. Actualmente son ya 768.800 los hogares sin ningún tipo de ingresos. ¿Cómo se puede estar hablando de recuperación cuando existe ese número de hogares que no tienen ni para cubrir sus necesidades mas básicas?. Si la recuperación existe, por la puerta de estos hogares no ha pasado.
 
Séptimo dato negativo, empeora la calidad del empleo. El empleo que se está creando está produciendo una precarización de su calidad. Se sustituye empleo a tiempo completo por a tiempo parcial y se sustituye, a la vez, empleo fijo por empleo temporal.  El empleo indefinido sigue cayendo (210.000) mientras el temporal repunta (152.500); los contratos por horas suben (55.700) y los de jornada completa siguen cayendo (-135.200); y las horas extra no pagadas crecen hasta representar el 60% del total. Si hubiera recuperación, deberíamos están hablando de lo contrario, transformar empleo precario en empleo de calidad.
 
A no ser que se nos quiera engañar, nadie en su sano juicio diría que los datos de la EPA del primer trimestre son buenos. Solo uno de los datos es de dudosa bondad, la bajada de 2.300 parados, el resto son todos negativos. Mariano Rajoy decía esta mañana,  “Estoy muy contento, las cosas van bien y van a ir mejor”. Debería explicar, por lo menos, a quien le van bien las cosas, porque no es precisamente a quienes han estado sufriendo las consecuencias de la crisis económica. 

Recuperación no es sinónimo, o al menos no debería ser, de incremento de beneficios empresariales, o de datos macroeconómicos mas o menos maquillados o de bajadas de la prima de riesgo. Debería ser sinónimo de recuperación de derechos perdidos, de creación de empleo de calidad, de salida de la pobreza, de mejora en los servicios públicos, etc. Pero eso es pedir demasiado para un gobierno mentiroso y subordinado a la Troika y la UE.

El gobierno debería dejar de manipular los datos de la EPA y no mentir a la ciudadanía utilizando fraudulentamente esos datos con intenciones electoralistas. El 25 de mayo les deberíamos de dar una repuesta contundente a sus mentiras y sus manipulaciones.

lunes, 28 de abril de 2014

UJCE. Análisis de la educación en España.


Teresa Aranguren: "Pensar la izquierda: atreverse a pensar.".

¿Podemos seguir siendo de izquierdas? Una pregunta más bien retórica que, como toda pregunta retórica, lleva implícita la respuesta adecuada y parece anunciar un texto destinado a reforzar la creencia en la que, como diría Ortega, estamos "por supuesto que sí, cómo no vamos a poder seguir siendo de Izquierdas”. Pero en ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? (Pol·len Edicions), Santiago Alba no busca adecuarse a la respuesta adecuada, en realidad creo que no busca tanto las respuestas como las preguntas. Hacerse las preguntas adecuadas aunque no siempre tengamos certezas con las que llenar el hueco que toda pregunta abre. 
Así que, contrariamente a lo que el título podría sugerir, este no es un manual para activistas que recopile argumentos con los que rebatir a un hipotético interlocutor en un hipotético debate sobre una hipotética izquierda en el futuro.
Este es un libro de pensamiento que incita a pensar. Pararse a pensar. Lanzarse a pensar sin red. Y es muy lúcido y muy honesto. Tengo la impresión de que alguna de las ideas que con tanta brillantez, porque el lenguaje a veces puede brillar, se exponen en este texto se han ido haciendo con él, cobrando forma y definiéndose en la medida en la que el texto iba avanzando. Escribir no solo es poner en palabras lo que se piensa, a veces es descubrir lo que aún no se ha pensado, nombrarlo y al ponerle nombre poderlo pensar.
Este libro no está escrito al dictado de lo ya sabido sino en la intemperie de la búsqueda. Por eso tiene más preguntas que respuestas. O dicho de otro modo le importa más sacar a la luz lo que es preciso cuestionar, rechazar incluso, que lo que se puede afirmar.
Cuestionar, por ejemplo, la idea de que la izquierda, especialmente si es una izquierda que se considera auténtica y radical, debe combatir los valores burgueses. ¿Es la búsqueda de la seguridad o de un cierto acomodo un valor burgués? ¿Son las obsesiones de un artista, obsesiones burguesas? ¿Desaparecerá la neurosis, la depresión o la envidia cuando desaparezca el sistema capitalista?
Creo que todos, hasta los más revolucionarios de la más revolucionaria izquierda, sabemos que no, que no es así. Pero pocas veces se dice. Seguimos actuando como sí “desechar lo burgués“ fuese una premisa fundamental de la izquierda.
¿Podemos seguir siendo de izquierdas?
Santiago Alba desentraña esa idea, la despoja de su aureola revolucionaria y la sitúa en una perspectiva antropológica: "Está el cuerpo, que tiende a aburguesarse –es decir a sentarse– en cuanto se lo permiten; y está la mente poblada de interferencias ilógicas y opacidades edípicas..."
Es decir, está “la condición humana”. La izquierda, el marxismo, Marx se equivocó al catalogar de burgués lo que quizás solo era humano. Y podríamos pensar que es una cuestión sin importancia si no hubiera tenido tanta importancia en un pasado muy reciente. Si no hubiera existido la revolución cultural en China, los jémeres rojos en Camboya o la decepcionante actualidad de una sociedad postsoviética que parece ansiosamente aferrada a la religión, el nacionalismo y el ganar dinero, si es posible, a espuertas.
"La pretensión del 'hombre nuevo' conduce menos a la solidaridad guevarista que a las matanzas de los Jemer Rojos. Hay que pensar más bien en un hombre reformado, parcheado, repintado, alicatado…"
Seamos modestos, al fin y al cabo solo somos humanos.
Creo que esta perspectiva antropológica desde la que pensar la política, es una de las grandes aportaciones de este libro. Ayuda a romper tabús, a entrar en esas zonas de sombra de la izquierda en las que la izquierda apenas ha entrado entre otras cosas por el miedo a la crítica o al anatema, Santiago Alba sabe bien lo que es eso, crea silencios no solo en el espacio público sino, y es lo más grave, en el mental. Es malo que haya cosas que no se pueden decir pero mucho peor es que no se puedan pensar.
Santiago Alba incita, provoca, se atreve a pensar, y como el pensamiento no es lo contrario a la acción sino “una forma de acción”, al pensar actúa. Pone en evidencia algunas trampas y en cuestión muchas supuestas certezas. Y afirma otras, pocas, pero tan necesarias como esta modesta propuesta: seamos revolucionarios en lo económico, reformistas en lo institucional, conservadores en lo antropológico. Es lo más parecido a un programa que encontrarán en este libro. Pero es todo un programa.