miércoles, 1 de mayo de 2013

#1deMayo. Día Internacional de Lucha


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Juan Torres La batalla política por el pleno empleo

Hace ahora justamente 70 años un economista polaco muy importante, Michal Kalecki, publicó un artículo (Aspectos políticos del pleno empleo) que me parece que tiene una gran actualidad en nuestro tiempo y particularmente en un primero de mayo como este.
Kalecki partía de reconocer cuando lo escribía que una mayoría considerable de los economistas opinaba que, aun en un sistema capitalista, el pleno empleo puede alcanzarse mediante un programa de gastos del gobierno, siempre que haya un plan suficiente para emplear toda la fuerza de trabajo existente y siempre que puedan obtenerse dotaciones adecuadas de las materias primas extranjeras necesarias a cambio de exportaciones.
Se aceptaba, decía el economista polaco, que si el gobierno realiza inversión pública (por ejemplo, si construye escuelas, hospitales y carreteras) o subsidia el consumo masivo y si además este gasto se financia con préstamos y no con impuestos, la demanda efectiva de bienes y servicios puede aumentarse hasta un punto en que se logre el pleno empleo.
A la objeción (que todavía se sigue planteando) de que eso podría crear inflación, Kalecki respondía con total seguridad: la demanda efectiva creada por el gobierno actúa como cualquier otro aumento de la demanda, por tanto, si hay oferta abundante de mano de obra, planta y materias primas, el aumento de la demanda se satisface con otro de la producción. Lo que significa que si la intervención gubernamental trata de lograr el pleno empleo pero no llega a aumentar la demanda efectiva más allá del nivel del pleno empleo, no hay por qué temer a la inflación.
A continuación, Kalecki señalaba que, a pesar de que esa tesis estaba bastante clara, tenía oponentes, entre los cuales mencionaba a “expertos económicos estrechamente conectados con la banca y la industria”, lo que le llevaba a pensar que, a pesar de que los argumentos utilizados son económicos, “hay un fondo político en la oposición a la doctrina del pleno empleo”.
Así, recordaba en el artículo que “las grandes empresas se opusieron sistemáticamente en la gran depresión de los años treinta a los experimentos tendentes a aumentar el empleo mediante el gasto gubernamental en todos los países, a excepción de la Alemania Nazi”. Igual que lo que ocurre en estos momentos en Europa.
Kalecki se preguntaba, tal y como deberíamos hacer ahora, por qué había esa oposición a las políticas que podían aumentar el empleo, sobre todo, teniendo en cuenta que “el aumento del producto y el empleo no beneficia sólo a los trabajadores, sino también a los empresarios, porque sus ganancias aumentan”.
Si los empresarios, decía Kalecki, suspiran por las ganancias que lleva consigo el auge, ”¿por qué no aceptan gustosos el auge “artificial” que el gobierno puede ofrecerles?”. O, como diríamos ahora: ¿por qué defienden las empresas políticas de austeridad que recortan el empleo y sus beneficios, puesto que con ellas venden menos?
Kalecki dio tres posibles respuestas a esa pregunta capital.
La primera tiene que ver con el hecho de que en un sistema de no intervención del gobierno el nivel del empleo depende de la confianza de los capitalistas: si ésta se deteriora, cae la inversión privada, lo que se traduce en una baja de la producción y el empleo. Por tanto, decía Kalecki, sin intervención, los capitalistas disponen de un poderoso control indirecto sobre la política gubernamental: como todo lo que pueda incomodarles y deteriorar “su” confianza debe evitarse para que no se provoquen crisis, resulta que los gobiernos deben someterse constantemente a sus preferencias y dictados.
Sin embargo, dice Kalecki, “en cuanto el gobierno aprenda el truco de aumentar el empleo mediante sus propias compras, este poderoso instrumento de control perderá su eficacia”.
Concluye el economista polaco con una idea que es perfectamente aplicable a lo que viene sucediendo en la actualidad: quienes defienden los intereses de las empresas y se oponen a la intervención gubernamental deberán considerar como “peligrosos” los déficit presupuestarios, pues estos son su instrumento principal para llevarla a cabo. La función social de la doctrina de las “finanzas saneadas” (de la estabilidad presupuestaria o de la austeridad, diríamos ahora) no es otra, decía, que hacer que la confianza empresarial prevalezca como determinante del nivel del empleo y de la bonanza económica.
Una segunda resistencia de los capitalistas a la política gubernamental que crea empleo proviene de que, cuando se lleva a cabo, se sienten doblemente amenazados. Si se articula invirtiendo en productos que podría producir la empresa privada creerán que el gobierno actúa como un competidor indeseable que le roba negocio y beneficios, y se opondrán a ella. Y si la intervención se realiza subsidiando compras se producirá una paradoja. En principio les vendría muy bien a los capitalistas, porque así venderían lo que de otra forma se quedaría sin vender. Pero se negarán a ello porque con dichos subsidios, dice Kalecki, se pone en cuestión algo de la mayor importancia: “los principios fundamentales de la ética capitalista requieren la máxima del ganarás el pan con el sudor de tu frente, es decir, siempre que tengas medios privados”.
Pero no paran aquí las cosas. Incluso si los capitalistas superasen estas dos reacciones adversas, se enfrentarán a la política que puede conseguir el pleno empleo por otra razón fundamental.
Si el pleno empleo se alcanza, dice de nuevo Kalecki, el paro dejaría de ser un medio de disciplinar a los trabajadores y de limitar su capacidad reivindicativa: “La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política”.
A partir de ahí el economista polaco desarrolla una idea fundamental, y que me parece que tiene una vigencia plena en nuestros días: “Es cierto -escribía- que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo (…). Pero los dirigentes empresariales aprecian más la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista normal“.
Tras una serie de reflexiones sobre los efectos cíclicos de estas reacciones ante la política de creación de empleo Kalecki plantea otro asunto fundamental y que también me parece de actualidad hoy día: una de las funciones importantes del fascismo, tipificado por el sistema nazi, fue la eliminación de las objeciones capitalistas al pleno empleo, porque en esos regímenes totalitarios la maquinaria estatal se encuentra “bajo el control directo de una combinación de las grandes empresas y los arribistas fascistas”. Entonces, la objeción al gasto gubernamental en inversión pública o en consumo se supera concentrando el gasto gubernamental en armamentos y la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” bajo el pleno empleo se mantienen por el “nuevo orden” que va desde la supresión de los sindicatos hasta el campo de concentración.
Por eso, aunque Kalecki creía que es “sumamente improbable” que el capitalismo se ajuste al pleno empleo como norma, me parece que de su análisis se puede concluir que la lucha por el empleo pleno es fundamental, porque solo con él se podrán empoderar lo suficiente los trabajadores y trabajadoras y también porque es, al mismo tiempo, “una forma de prevención del retorno del fascismo”, en palabras del economista polaco.
No debemos olvidar, pues, lo importante que es avanzar en ese combate por el empleo, conquistar uno a uno si hace falta cada puesto de trabajo y forzar políticas orientadas a la plena ocupación en lugar de a imponer disciplina. Eso sí, teniendo en cuenta que el aumento del empleo no puede darse a costa de un crecimiento insostenible de la actividad, social y medioambientalmente hablando, y que no se puede tener en cuenta solo el trabajo remunerado que se traduce en empleos convencionales sino también el que no se remunera porque se desenvuelve fuera de la órbita de los mercados. Un avance que solo se podrá llevar a cabo si los trabajadores y trabajadoras se convierten en protagonistas y dueños exclusivos de su propio destino como asalariados o asalariadas y como ciudadanos o ciudadanas.

martes, 30 de abril de 2013

Eduardo Garzón: ¿Por qué sigue aumentando el paro en España?

La Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2013 ha revelado que el desempleo afecta a 6.202.700 de personas, lo que supone una tasa de paro del 27,16%. Esta tasa de desempleo no ha dejado de aumentar desde junio de 2007. Sin embargo, su ritmo de crecimiento no ha sido siempre el mismo: podemos distinguir tres etapas claramente diferenciadas que quedan expuestas en el siguiente gráfico.
Tasa de desempleo en España
Pese a llevar meses mostrando signos de debilidad, el sector inmobiliario no colapsó totalmente hasta la primavera de 2008, cuando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria fue tal que la inmensa mayoría de empresas relacionadas con el sector se vieron gravemente afectadas. Constructoras, promotoras e inmobiliarias detuvieron drásticamente su actividad, dejando a muchísimos trabajadores en la calle y por lo tanto empujando notablemente al alza la tasa de desempleo. Desde una tasa del 9,3% en marzo de 2008 se pasó en tan sólo un año a una del 17,4%. El sobredimensionado sector de la construcción se contrajo brutalmente en esos 12 meses, dejando sin trabajo a tantos profesionales (albañiles, arquitectos, aparejadores, ingenieros, electricistas, fontaneros, etc) que habían vivido de él durante los años anteriores. Es la etapa reflejada en el gráfico entre las dos primeras líneas verticales: el crack inmobiliario.
La siguiente etapa queda comprendida entre la segunda y tercera línea vertical del gráfico, y coincide con un crecimiento de la tasa de desempleo bastante más lento. El sector nuclear de la construcción ya había colapsado y no podía arrojar al desempleo a muchos más trabajadores. Sin embargo, es durante esta época cuando la industria relacionada con la actividad de la construcción y la inmobiliaria comienza a verse perjudicada. Los sectores de los muebles, de la instalación de equipos de acondicionamiento y de electrodomésticos, de la decoración, de las agencias inmobiliarias, etc, comienzan a no encontrar clientes y se ven obligados a reducir su tamaño de actividad, para lo cual terminan expulsando a muchos de sus trabajadores. A su vez, otros sectores económicos comienzan a encontrar problemas de financiación debido al cierre del grifo de los bancos y problemas de ventas causados por la caída del consumo debido a su vez a las malas expectativas económicas. Las quiebras de empresas pertenecientes a diferentes sectores empiezan a cobrar importancia, y el desempleo continúa su crecimiento. Sin embargo, este ascenso fue contenido gracias a los planes de impulso a la economía que realizó el gobierno durante esta época. Como resultado, el paro creció pero a un ritmo más moderado que durante los primeros meses de crisis: partiendo de un 17,4% de desempleo en marzo de 2008, la tasa presentó un nivel del 20,9% en mayo de 2011.
A partir de junio de 2011 la cosa cambia. El gobierno de Zapatero decide endurecer la reforma laboral permitiendo que las empresas puedan despedir cómodamente a sus trabajadores en el caso de que presenten pérdidas transitorias (y no permanentes, como hasta entonces ocurría). La reforma laboral del gobierno de Rajoy en febrero de 2012 no hará sino continuar la senda marcada y facilitar a las empresas el despido de trabajadores. Esta legislación laboral que persigue la expulsión de los empleados para que las empresas sufran el menor coste posible, asociada a los importantes recortes de gasto público que deterioran la demanda efectiva (inversión y consumo), a un aumento de los impuestos regresivos (como el IVA o los impuestos especiales), a la inexistencia de planes de estímulo económico, y al permanente cierre de crédito de los bancos, no hace sino incrementar el ritmo al que aumenta la tasa de desempleo. Desde una tasa del 20,9% en mayo de 2011, nos encontramos con un nivel del 27,2% en abril de 2013.
Queda claro, por lo tanto, que si hoy día aumenta a un ritmo tan elevado el desempleo no se debe a la crisis inmobiliaria (cuyos sectores no pueden expulsar a muchos más trabajadores porque ya no les quedan), ni siquiera a la deficiente estructura productiva de la economía española, sino que los motivos hay que encontrarlos en una legislación laboral extremadamente beligerante con los trabajadores, en unas instituciones financieras zombies que necesitan ser rescatadas pero que no conceden apenas créditos, y a una política económica de recortes y aumento de impuestos regresivos que no hace sino empeorar el consumo privado y las posibilidades de inversión. Así lo refleja un informe del Banco Central Europeo sobre las pequeñas y medianas empresas (PYMES), las cuales suponen un 63,9% de todos los puestos de trabajo españoles. Este estudio refleja que el principal problema de las pequeñas y medianas empresas es encontrar clientes, que es consecuencia de la caída del consumo privado y del gasto público. El segundo problema es encontrar financiación debido a que los bancos se niegan rotundamente a ofrecer créditos a la mayoría de las empresas. El tercer problema, de una importancia mucho menor que los dos anteriores, es la necesidad de competir con otras empresas rivales. El cuarto problema en importancia es el debido a los costes laborales y de producción, entre los que destaca el salario y al que paradójicamente el stablishment europeo y español trata de responsabilizar como gran obstáculo para superar la crisis.
Problema PYMES
La mayoría de empresas españolas seguirán cerrando y/o expulsando a sus trabajadores (y por lo tanto el desempleo seguirá aumentando) mientras sus principales problemas no sean resueltos. Recordemos que en este último año las familias y empresas en quiebra han aumentado un 27% respecto a 2011. Y pese a lo que se nos suele decir a través de los medios de comunicación, el problema no es que los trabajadores cobren mucho o que no trabajen suficiente (de hecho los costes salariales caen en picado, especialmente en el último trimestre de 2012); el problema reside en que hoy día las empresas no encuentran clientes ni financiación para proseguir sus actividades. Y ello no se resuelve aprobando feroces reformas laborales ni ayudando a los bancos sin imponerles condiciones, ni recortando en gasto público o aumentando impuestos regresivos, sino precisamente haciendo todo lo contrario. Mientras no se realice un completo viraje en las políticas económicas del gobierno, desgraciadamente seguiremos viendo empresas y familias quebrar y por lo tanto el desempleo aumentar.

Fuente: Saque de Esquina

sábado, 27 de abril de 2013

Izquierda Unida cumple 27 años. ¡Felicidades @iunida!.


El 27 de abril de 1986, se constituía Izquierda Unida, como una Plataforma de Fuerzas ante la "ineludible necesidad para recuperar la esperanza que subyace en los anhelos de tantos españoles que se pronuncian por la paz y la neutralidad, el trabajo para todos y la consagración, en definitiva, de una democracia avanzada sin espacios excluidos a la soberanía popular".